En el Tedeum por el 25 de Mayo, el obispo de Mar del Plata, Ernesto Giobando, llamó a superar las divisiones con una mirada solidaria, inspirada en los valores de la paz, la justicia y la verdad.
En el marco de las celebraciones por el 25 de Mayo, el obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando, ofreció un mensaje cargado de contenido social y espiritual durante el tradicional Tedeum en la Catedral local. Ante autoridades civiles, representantes de las fuerzas armadas y fieles, el prelado remarcó la necesidad de reconstruir la unidad nacional apelando a valores como la fraternidad, el diálogo y la inclusión.
“La grieta se soluciona con fraternidad, diálogo e inclusión. Una mirada amplia y universal, como la que tuvieron aquellos varones y mujeres que forjaron con sus vidas nuestra patria”, expresó Giobando, en una homilía que buscó interpelar tanto a la dirigencia como a la sociedad en su conjunto.
Inspirado en el mensaje que el Papa Francisco dirigiera al pueblo argentino en 2016, el obispo recordó que “es el amor a la Patria lo que nos lleva a ponernos la Patria al hombro, entregando lo mejor de nosotros mismos para mejorar, crecer, madurar. Solo así lograremos esa cultura del encuentro que supera la cultura del descarte que hoy se ofrece por todas partes”.
Durante su mensaje, Giobando articuló su reflexión en torno a tres pilares: la paz, la justicia y la verdad.
“La paz se construye en el corazón y a partir del corazón, arrancando el orgullo y las reivindicaciones, y midiendo el lenguaje, porque también se puede herir y matar con las palabras, no sólo con las armas”, alertó. Y agregó: “Esto exige una sincera voluntad de diálogo, animada por el deseo de encontrarse más que de confrontarse”.
En segundo lugar, puso el foco en la justicia social y laboral. “Procurar la paz exige practicar la justicia. En este cambio de época que estamos viviendo, la Santa Sede no puede dejar de hacer oír su voz frente a los numerosos desequilibrios y las injusticias que llevan a condiciones indignas de trabajo y a sociedades cada vez más fragmentadas y conflictivas”, señaló.
Y continuó: “Es necesario esforzarse por remediar las desigualdades globales, que trazan surcos profundos de opulencia e indigencia entre continentes, países e, incluso, dentro de las mismas sociedades”.
Finalmente, abordó el valor de la verdad como fundamento de toda convivencia pacífica. “No se pueden construir relaciones verdaderamente pacíficas sin verdad. Allí donde las palabras asumen connotaciones ambiguas y el mundo virtual distorsiona la realidad, es difícil construir relaciones auténticas”.
El mensaje de Giobando se dio en un contexto de fuerte tensión social y política en la Argentina, con una creciente fragmentación en el debate público y malestar económico. En ese marco, el obispo marplatense propuso volver a los principios fundacionales de la Nación para encontrar un horizonte común: “El 25 de Mayo no es solo una fecha en el calendario, es un llamado a renovar nuestro compromiso con el bien común, superando las divisiones y construyendo puentes en lugar de muros”.