MENOS EMPLEO, MÁS PRECARIEDAD

 

Por Facundo Villalba, referente del Movimiento Evita y director del IPAC (Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo)

Entre amigos, vecinos, compañeros de estudio o del club hay una conversación que se repite cada vez más seguido:
“si sabés de algún laburo avisame” o “si sale alguna changa para sumar ingresos, avisá porque no llego”.

No es un caso aislado ni una simple percepción. Es una escena que atraviesa la vida cotidiana de miles de marplatenses y refleja una profunda crisis laboral, marcada por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, la caída del empleo registrado y el avance de la precarización.

Un informe de la Universidad Nacional de Mar del Plata confirmó este deterioro sostenido de la situación laboral en nuestra ciudad: tras 17 meses consecutivos de caída del empleo registrado, cada vez más personas buscan trabajo, intentan sumar ingresos o se ven obligadas a aceptar empleos más inestables y peor remunerados para poder llegar a fin de mes.

En una Argentina marcada por la destrucción de más de 300.000 puestos de trabajo, la caída del 38% del poder adquisitivo del salario mínimo real y un aumento de la precarización laboral que lleva a cerca del 43% de las personas ocupadas a trabajar en condiciones de informalidad —sin aportes jubilatorios ni plena cobertura de derechos laborales—, Mar del Plata vuelve a mostrar antes que nadie las consecuencias sociales de un modelo económico que expulsa trabajo y deteriora las condiciones de vida de las mayorías, con indicadores laborales que incluso superan los promedios nacionales.

Los 33.000 marplatenses desempleados y otros 43.000 subocupados —vecinos que trabajan menos horas de las que necesitan o cuyos ingresos no alcanzan para sostener a sus familias— buscan insertarse en un mercado laboral que, lejos de responder a esa demanda, continúa contrayéndose por el cierre de industrias, empresas y comercios.

Una ciudad con las persianas bajas. La Unión del Comercio, la Industria y la Producción registró cerca de 200 locales cerrados en centros comerciales a cielo abierto de la ciudad, reflejando el impacto de la caída del consumo, el aumento de costos y la retracción de la actividad económica.

En industrias históricas para el desarrollo de Mar del Plata, como la pesquera y la textil, la crisis ya se siente con fuerza. Sectores que durante décadas generaron empleo, producción y movilidad social hoy enfrentan caída de actividad, pérdida de puestos de trabajo y un escenario de enorme incertidumbre producto de un modelo económico que castiga la producción nacional y debilita el mercado interno.

Frente a este escenario, la discusión no puede limitarse únicamente a estadísticas o índices económicos. La pregunta de fondo es qué modelo de ciudad y de país queremos construir: uno basado en la especulación financiera, destrucción de la industria nacional y la precarización del trabajo y la vida, o uno que vuelva a poner en el centro la producción, el trabajo y el desarrollo local.

Mar del Plata necesita una agenda de desarrollo que defienda la industria local, fortalezca a las PyMEs, impulse el compre local y promueva la contratación de cooperativas por parte del Estado. También es fundamental recuperar la obra pública como motor de empleo y crecimiento económico, especialmente en una ciudad donde miles de familias dependen directa o indirectamente de la construcción, el comercio y la producción.

El trabajo no es solamente una variable económica. Es la posibilidad de proyectar una vida, sostener una familia y construir comunidad. Y una ciudad donde el trabajo no ocupa un lugar central en las prioridades y en la planificación estratégica es una ciudad sin rumbo y sin futuro.