Ante la cantidad de información errónea y malintencionada que circula en los medios de
comunicación y las redes sociales tales como: “los directivos estaban todos de vacaciones”, “no
sé llamo a la ambulancia”, “los docentes no hicieron nada”, “los docentes no estaban”, “intentaron
tapar el problema”, entre otras falacias, los docentes de la EES 38 queremos expresar nuestra
posición.
En primer lugar, queremos enviarle un fuerte abrazo al estudiante que recibió las
agresiones. Esperamos que se esté recuperando bien con la contención de su familia. También
esperamos que su compañero, que cometió las agresiones, tenga el seguimiento y
acompañamiento familiar e institucional para encausar su formación integral y su integración
social.
En segundo lugar, cuando sucede un hecho semejante, las palabras son insuficientes. Por
eso consideramos necesaria la implementación de acciones que generen cambios. Pero no
podemos solos. La realidad que viven las escuelas hoy es compleja, pero no es sino un reflejo de
los problemas sociales que venimos atravesando desde hace tiempo. Sabemos que la violencia no
nace en las escuelas, sino que en ellas se hace más visible. Es por esto que los docentes pedimos
medidas que nos permitan recuperarla y defenderla.
Hoy no disponemos de herramientas ni de recursos para atender la diversidad de tareas,
incrementadas por el nuevo Régimen Académico, y aún más por la escalada de violencia social y
escolar. En las aulas se escuchan cada vez más insultos, agravios y malos tratos y nunca
permanecemos indiferentes ante esto. Es tema de tratamiento permanente la búsqueda de
soluciones y las condiciones de convivencia. Buscamos recursos, nos reinventamos, seguimos
los protocolos: confeccionamos las actas correspondientes ante situaciones que lo requieren, el
equipo directivo las eleva, buscamos la intervención del Equipo de Orientación Escolar que
alterna unos días en el turno mañana y otros en el turno tarde y que, además, por pertenecer al
distrito y no a cargos de la escuela, cambia sus integrantes todos los años o incluso con mayor
frecuencia. El trabajo de las preceptoras es por demás extenuante en el seguimiento tanto de las
trayectorias escolares de cada uno de los estudiantes como la atención sobre sus situaciones
personales. Además, tenemos cada vez menos cargos de preceptoras para las necesidades de
nuestro establecimiento.
Ningún docente elige trabajar en estas condiciones. Tratamos de pensar una escuela
diferente pero estamos muy limitados por la falta de recursos lo que implica una gran sobrecarga
laboral. Esto contribuye a que se sucedan hechos indeseables.
Consideramos imperioso contar con las condiciones adecuadas, recursos concretos tanto
de personal como de insumos pedagógicos y de formación pedagógica; necesitamos un mayor
respaldo para intervenir ante situaciones de violencia y, sobre todo, capacidad de decisión para
evitarlas, acelerando los tiempos burocráticos.
Respecto de los recientes hechos de violencia, respaldamos al equipo directivo de la
escuela: son personas comprometidas, que actuaron según lo previsto en las reglamentaciones,
advirtiendo lo que estaba pasando en el aula desde hacía tiempo. Sabemos que, junto con
docentes, preceptoras y auxiliares, se buscó de modo insistente la implementación de estrategias
que contengan a estudiantes con diversidad de problemas de adaptación psicosocial. Sin embargo,
nos encontramos siempre con el límite de las condiciones, la indiferencia y los extendidos tiempos
burocráticos.
Escuchamos muchas veces decir que la escuela no hace nada. Sin embargo, quienes
formamos parte de ella sabemos del trabajo cotidiano, muchas veces silencioso, que implica
acompañar, contener, escuchar e intervenir en situaciones cada vez más complejas.
Por eso entendemos que si de verdad queremos cambiar esta realidad, es imprescindible
dejar de responsabilizar únicamente a la institución escolar. Como ciudadanos debemos poder
analizar los límites y falencias de las políticas educativas que siempre han prescindido y negado
participación de los docentes en las sucesivas modificaciones, las que no han hecho más que
precarizar nuestras condiciones de trabajo y la educación. También se requiere del compromiso
de las familias, de las instituciones del Estado y de la comunidad toda en su conjunto para
construir respuestas que realmente generen cambios.