El empleo formal sigue en retroceso y el salario mínimo pierde poder de compra, según un estudio de la UBA

Un informe de la Facultad de Ciencias Económicas advierte sobre cinco meses consecutivos de caída del empleo registrado y una nueva baja del salario mínimo en términos reales, en medio del debate por la reforma laboral que impulsa el Gobierno.

 

Mientras el Gobierno nacional acelera el tratamiento de una controvertida reforma laboral que buscará comenzar a debatirse en febrero en el Senado, los indicadores del mercado de trabajo continúan mostrando señales de deterioro. Un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que el empleo formal volvió a caer y que el salario mínimo perdió nuevamente capacidad de compra frente a la inflación.

 

El informe señala que en septiembre, último mes con datos disponibles, se perdieron más de 11 mil puestos de trabajo registrados. Se trata de la quinta caída mensual consecutiva desde mayo, lo que consolida una tendencia negativa en el empleo asalariado formal tras un período previo de estancamiento.

 

El trabajo fue elaborado por el Área de Empleo, Distribución e Instituciones Laborales (EDIL), dependiente del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), y coordinado por los economistas Roxana Maurizio y Luis Beccaria. Según el relevamiento, la mayor contracción se dio en el sector privado, donde se destruyeron alrededor de 10,6 mil empleos formales. En tanto, el empleo público se mantuvo prácticamente estable y el trabajo registrado en casas particulares mostró una leve baja cercana a los 3 mil puestos.

 

En términos interanuales, el empleo asalariado formal total refleja una pérdida de aproximadamente 57 mil puestos en comparación con septiembre de 2024, mientras que el retroceso alcanza los 242 mil empleos si se toma como referencia noviembre de 2023. De hecho, el nivel actual de empleo formal se ubica en valores similares a los de mediados de 2022, lo que da cuenta de un marcado retroceso en el mediano plazo.

 

A este escenario se suma la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo, vital y móvil. El informe de la UBA indica que en noviembre el salario mínimo volvió a caer en términos reales, con una baja cercana al 0,5%, acumulando así varios meses consecutivos de retrocesos. En los meses previos, las caídas habían sido aún más pronunciadas, especialmente durante el segundo semestre del año.

 

El estudio remarca que el proceso de deterioro del salario mínimo se profundizó a partir de diciembre de 2023, cuando la aceleración inflacionaria provocó una fuerte licuación de los ingresos. Aunque en algunos períodos puntuales los aumentos nominales lograron empatar o superar la inflación, la tendencia general sigue siendo negativa. Entre fines de 2023 y noviembre de 2025, el salario mínimo real acumuló una caída cercana al 36%, y solo en lo que va del último año el retroceso ronda el 8%.

 

La magnitud de esta contracción es tal que el salario mínimo, medido en términos reales, se ubica por debajo de los niveles previos a la crisis de 2001 y representa apenas un tercio del valor máximo alcanzado en 2011. Según el informe, esto implica una pérdida de más del 60% respecto de su mejor momento histórico.

 

En este contexto, el Gobierno apuesta a que una reforma laboral orientada a reducir los costos y riesgos de contratación, especialmente en materia de indemnizaciones, incentive a las pequeñas y medianas empresas a tomar personal. Sin embargo, el propio estudio advierte que sin un crecimiento económico sostenido y a tasas más elevadas que las registradas en 2025, difícilmente se revierta la actual dinámica del mercado laboral.

 

Así, el informe de la UBA plantea un escenario complejo: menos empleo formal, salarios con menor poder de compra y una reforma laboral en discusión cuyo impacto real sobre el trabajo y los ingresos todavía despierta más interrogantes que certezas.