por Valentín Belza.
(periodista, Secretario de Prensa – Sindicato de Prensa de Mar del Plata)
Hace menos de un mes se celebró en Utah, Estados Unidos, el Festival Internacional de Cine de Sundance, uno de los eventos más importantes para producciones independientes a nivel mundial. El dato sobresaliente de la edición de este año: una de las películas que recibió el Premio Especial del Jurado fue el documental «Union» («Sindicato», en su traducción al español).
Dirigido por Brett Story y Stephen Maing, el documental describe las condiciones precarias y de semi-esclavitud que la empresa Amazon impone a sus trabajadores, al mismo tiempo que narra el trabajo de Chris Smalls y otros trabajadores en la difícil tarea de organizar el «Amazon Labor Union», primer sindicato en la empresa comandada por el multimillonario Jeff Bezos.
«De esos polvos, futuros lodos» (Solari / Beilinson – 1986).
El caso de Smalls coincide en la manera «tradicional» en que muchos trabajadores se vuelcan al sindicalismo sin experiencia gremial previa: 1) Advertir injusticias en su trabajo, 2) Reclamar por ellas, 3) Convertirse en una referencia para sus compañeros, 4) ser despedido. Pero, además, a esa clásica ‘fórmula para la gestación de dirigentes sindicales’ se sumó un nuevo elemento aglutinante: la pandemia del COVID-19.
Por un lado, la irrupción del teletrabajo unificó a trabajadores alrededor del mundo que se descubrieron compartiendo las formas y métodos de esta modalidad. Por otra parte, la voracidad de ciertas empresas, que vieron ese nuevo escenario como un cheque en blanco para ignorar las más elementales condiciones laborales de sus empleados, también igualó a los trabajadores en sus padecimientos.
Esto último quedó evidenciado en Estados Unidos donde, como efecto boomerang, la codicia empresarial les volvió en forma de conciencia gremial y sindicalización, en un país que exhibe un bajísimo índice de afiliación: Según la Oficina de Estadísticas Laborales, desde 1960 el porcentaje de trabajadores afiliados a algún sindicato en EE.UU. bajó del 31% al 10,3%, cifra que desciende a un 6% de afiliación en el sector privado.
En ese contexto, durante y post-pandemia, emergieron los sindicatos por empresas en el seno de las grandes compañías que facturaban millones mientras aprovechaban que los sindicatos no lograban hacer pie. O en criollo: tiraron demasiado de la soga.
Según Ruth Milkman (socióloga estadounidense y Directora del Departamento de Estudios Laborales de la Universidad de Nueva York) fue llamativa «la llegada de sindicatos a establecimientos de Starbucks, Amazon o Apple donde esta forma de organización no suele prosperar», al mismo tiempo que explicó: «El eslogan ‘¡No somos robots!’ durante el esfuerzo por la sindicalización en Amazon se sumó a la indignación de los trabajadores ante la indiferencia de la empresa por su salud y seguridad».
«Juventud, divino tesoro» (Rubén Darío – 1905).
Sería injusto afirmar que el nacimiento del sindicato «Amazon Labor Union» solo estuvo vinculado al teletrabajo como nueva forma de empleo o a los incumplimientos de la empresa en el marco del COVID-19.
El elemento que centralizó la atención y confianza de esos trabajadores es, sin dudas, la figura de Chris Smalls como un líder joven de 35 años, carismático y – fundamentalmente – creíble. Esto último forjado tras haber sido despedido por organizar un paro en reclamo de medidas de salud y seguridad ante el coronavirus.
El caso de Smalls, además, abrió el juego a la aparición de otros jóvenes que no estaban volcados a la actividad gremial y desarrollaron un liderazgo en otras grandes empresas estadounidenses. Los ejemplos más destacados son los de Derrick Palmer (34 años – Amazon), Jaz Brisack (26 años – Starbucks), Adam Ryan (35 años – cadena de supermercados Target), Jessie McCool (43 años – compañía de servicios financieros Wells Fargo) y Jamie Edwards (34 años – cadena de supermercados Trader Joe’s).
«¿Qué está pasando? Algo está cambiando» (Andrés Calamaro – 1997).
Los nuevos tiempos en materia de tecnologías y virtualidad se transformaron en Oportunidad para cualquier organización con perspectiva de futuro. Los sindicatos, a pesar de ser tildados como espacios con métodos anticuados, se adaptaron más rápidamente a las nuevas formas de trabajo y de relaciones laborales que otras organizaciones, aprovechando el surgimiento de cuadros jóvenes como interlocutores de esa renovación.
En la opinión de Torsten Geelan (sociólogo y profesor de la Universidad de Copenhague) «los sindicatos alrededor del mundo están usando internet, las redes social y la inteligencia artificial como medios de reactivación», coincidiendo con los profesores John Kelly (Reino Unido) y Carola Frege (Alemania) en que los gremios «enfrentan desafíos que pueden socavar su influencia, al mismo tiempo que pueden ser oportunidades para beneficiarse si son capaces de traducirlos activamente en revitalización».
En ese sentido, Eduardo Magaldi (35 años y vocero de RUGE, la rama juvenil de la Unión General de Trabajadores y Trabajadoras de España), afirma: «La pandemia nos ha llevado a repensar las necesidades de un trabajador que desarrolla sus funciones en remoto, aislado y los riesgos que puede generar sobre su salud, pero además nos ha exigido mover el sindicato para dar respuesta a esos afiliados de una manera alejada del centro de trabajo, cosa que hasta la fecha parecía imposible».
Entendiendo que, en la mayoría de los casos, el primer vínculo de un trabajador con su sindicato no llega por una motivación ideológica sino por consultas vinculadas a sus derechos, los gremios aprovecharon las herramientas disponibles para estar presentes a pesar de la virtualidad.
Según explica Magaldi: «En la pandemia desplegamos un servicio de asesoramiento por Whatsapp para poder responder a todas las personas en un momento de incertidumbre para toda la clase trabajadora. Esto sirvió para avanzar en asesoramiento remoto, para que quienes trabajan a distancia no se sientan tan aislados».
«Todo está muy rápido acá» (Ricardo Mollo – 1991).
La ciudad de Mar del Plata ha mantenido una importante tradición gremial que la convirtió en protagonista de diferentes momentos históricos de nuestro país, y en materia de adaptación a las nuevas tecnologías no ha sido la excepción. Así quedó demostrado el 23 de abril de 2020 cuando se desarrolló la primera audiencia virtual entre entidades gremiales, sector empresario y el Ministerio de Trabajo, llevada a cabo por la Confederación Sindical de Trabajadores de los Medios de Comunicación Social (COSITMECOS) junto a representantes de la CGT, en el inicio de la pandemia.
Pero, además, en la mayoría de los gremios avanza a paso firme una consolidación de dirigentes jóvenes (podríamos englobarlos en categoría Sub-40) no solo como Delegados, sino como dirigentes que ocupan puestos en Comisiones Directivas y participan activamente en la toma de decisiones de sus sindicatos.
Aquel histórico reclamo de «trasvasamiento generacional», que tuvo su auge a mediados y fines del siglo xx, se materializa hoy de manera homogénea y ordenada, no como irrupción ni disputa sino como una transición lógica a través de puentes generacionales tendidos por dirigentes que superan los 50 y 60 años.
Se evidencia así que la clave de la incorporación de los jóvenes a las conducciones gremiales requiere un trabajo de doble vía: Combinar la experiencia compartida generosamente por las conducciones históricas y encauzar el ímpetu de las nuevas generaciones a través de un aprendizaje paciente.
O, dicho de manera más simple, unir la humildad de los «viejos» con la responsabilidad de los «pibes».
Esa tarea – para nada simple – se logra en nuestra ciudad a través de la decodificación de los nuevos lenguajes y formas de vinculación de las masas de trabajadores, logrando una llegada directa con afiliados mientras se sostienen las conquistas históricas de las organizaciones sindicales.
Lo más sobresaliente es que ese proceso sindical virtuoso se da en un contexto global de desconcierto en materia política y económica. Y es que el gremialismo tiene mucho para contar sobre cómo surfear olas por la sencilla razón de haberlo hecho antes.
Porque el futuro también se ve haciendo memoria…