por Valentín Belza.
Hace una semana, el Presidente Javier Milei publicó en sus redes sociales una imagen que, además presentarlo como Terminator y ser una creación del plagiador serial Nik, propone una confrontación abierta con los sindicatos.
Lejos de los memes y la virtualidad, esa confrontación que se materializó en las primeras medidas del gobierno de Milei, con paro general y movilización de las centrales obreras mediante, se reeditó ayer en el marco del Consejo del Salario donde el gobierno hizo caer una importante instancia institucional, de la mano de los sectores empresariales.
La (i)lógica de las acciones de Milei persigue dos objetivos que – ante la falta de logros de su gestión – serán una constante: Polemizar y subir gente a su ring.
Su torpeza política, sumada a la incapacidad negociadora y una obsesiva tendencia al impacto, conforman un grave cuadro institucional ante el que debe evitarse la tentación de jugar su juego y, en cambio, elegir inteligentemente los pasos a seguir.
«Te estás quedando sin balas de plata» (Indio Solari – 2007).
La pregunta central debe ser por qué Milei quiere confrontar con los gremios, y una primera respuesta se encontrará en lo ocurrido alrededor de los primeros pasos en falsos que dio la gestión del nuevo Presidente con el DNU 70/2023 y la Ley Ómnibus.
Allí, la teoría de Milei chocó contra un movimiento obrero organizado que, rápido de reflejos, apeló a la Calle y al Derecho.
Para un economista con poca praxis, lo lógico era esperar una resistencia de los sindicatos únicamente en clave de movilizaciones y actos. Sin embargo, lejos de las difamaciones y los estereotipos, los sindicatos no solo garantizaron una movilización multitudinaria, sino que también hicieron honor a su larga tradición en el plano jurídico a través de la defensa técnica de los derechos laborales.
Contrariamente a lo que declaraba a fines del 2023 el expresidente Macri, la torpeza salvaje de «los orcos» no provino de las centrales obreras, sino del propio Presidente Milei, que rompió todos los puentes posibles de diálogo y negociación, obstinado en aplicar sus medidas por la fuerza.
Tal como lo describió el Dr. Luis Roa, abogado laboralista y hombre de necesaria síntesis en tiempos de sobrecarga de información: «Dos textos faraónicos, un DNU y una Ley Ómnibus, que por volumen llevarían años de labor legislativa poder tratar adecuadamente. El primero, por decreto y de prepo, el segundo a los empujones entrando al Congreso».
La razón primó, entonces, cuando la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo confirmó la medida cautelar que suspendía la reforma laboral del – a todas luces inconstitucional – DNU 70/2023, y dio paso a una de las primeras derrotas del novel Presidente de la Nación.
«Mi amor, la libertad es fiebre» (Solari / Beilinson – 1996).
La explicación sobre el interés del Presidente por «subir al ring» a los sindicatos no solo es coyuntural y también encuentra sus orígenes en el plano académico y filosófico del «anarcocapitalista» devenido en Jefe de Estado.
Como bien explica Pablo Vera para la Agencia Paco Urondo (https://www.agenciapacourondo.com.ar/opinion/milei-contra-los-trabajadores-y-sus-sindicatos), uno de los referentes de Milei es el economista estadounidense Murray Rothbard, miembro de la Escuela Austríaca y fallecido en 1995.
En su libro «Ética de la Libertad» (1982), Rothbard reivindicaba abiertamente las condiciones laborales en Estados Unidos previas a la Ley Norris-LaGuardia, aprobada en 1932 con el fin de proteger el derecho a organizarse de los trabajadores, garantizando la «plena libertad de asociación, autoorganización y designación de representantes de su libre elección para negociar los términos y condiciones de su empleo».
Rothbard elogiaba que, previo a dicha Ley, «los patrones podían despedir legalmente a sus empleados si organizaban sindicatos» al mismo tiempo que «podían también hacer circular entre los restantes empresarios listas negras con sus nombres».
Asimismo, el autor mentado por Milei reivindicaba los «yellow-dog contract» (contrato de perros amarillos), instrumento utilizado a principios del siglo xx que consistía en un contrato de trabajo donde se incluía el compromiso por parte del trabajador de no afiliarse a ningún sindicato.
Casi como en una alegoría constante sobre perros que no existen, bien podríamos pensar que Milei, bajo el asesoramiento etéreo de Conan, veía ese DNU como la punta del iceberg de los derechos que sueña cercenar, para honrar a su idolatrado Rothbard.
Sin embargo, tras el duro golpe recibido en manos de los Tribunales del Trabajo, todo indica que el Presidente optará por el caprichoso y destructivo camino de ir contra las obras sociales y apunta los cañones a su desfinanciamiento. (https://www.ambito.com/politica/cgt-alerta-la-distribucion-fondos-las-obras-sociales-sindicales-n5940780).
«Dar media vuelta y ver qué pasa allá afuera» (Fito Páez – 1985).
Queda claro que, en el tiempo que viene, el gobierno nacional profundizará su batalla contra el movimiento obrero organizado porque saben que los trabajadores son mucho más que una barricada.
Detrás de las conquistas sindicales hay una defensa de la identidad y la historia de ese sector que ha confrontado con todos los gobiernos – democráticos y dictatoriales – que buscaron lastimar a la clase trabajadora.
Resulta necesario entender que el proceso de Milei es una transición a otra etapa que todavía no se define: Puede ser el pase a un proceso que profundice lo visto hasta ahora, o a uno que rechace esta modalidad política del «vale todo» y retorne al sendero de la construcción de una comunidad con reglas claras y consensos amplios.
Allá afuera, lejos del humo de falsas disputas y opiniones rentadas, hay un pueblo que exige vivir mejor y reconocerá a quienes defiendan esa premisa como base para cualquier proyecto de país.
La moneda está en el aire…
* (periodista, Secretario de Prensa – Sindicato de Prensa de Mar del Plata).